

Artículo para la revista En Femení, n° 95 Invierno 2023.

“Obsidiana y el espejo azteca de la reina Isabel I de Inglaterra“
La obsidiana es un vidrio volcánico que se forma a partir de lava solidificada tan rápidamente que no da tiempo a que los cristales terminen de organizarse de forma uniforme y por este motivo no se considera puramente un mineral. Su color más habitual es el negro azabache pero también encontramos obsidianas en tonos verdes, rojizos y marrones debido a las impurezas de hierro. Esta piedra desprende unos preciosos reflejos dorados que le dan aún más belleza y que se deben a minúsculas incrustaciones de burbujas de gas.
La obsidiana, que es dura y muy fácil de cortar, ha sido muy importante en muchas culturas desde los tiempos de la Prehistoria para la elaboración de armas, adornos y otros utensilios de uso diario. En el Antiguo Egipto, el comercio de obsidiana con la isla griega de Milos y con la actual Turquía fue importantísimo para la fabricación de armamento. A partir de la Edad de Cobre, en el Mediterráneo las armas elaboradas con obsidiana se sustituyeron por las de metal, sin embargo, no ocurrió lo mismo en América donde quizás por la abundancia de yacimientos de obsidiana su utilización se extendió hasta bien entrado el siglo XVI.

Resulta imposible hablar de obsidiana y no hacer referencia a los aztecas que emplearon esta piedra durante siglos para la elaboración de afilados cuchillos, flechas y lanzas destinados tanto a rituales de sacrificios como a la guerra. En los relatos de las expediciones de Hernán Cortés escritos por el fraile Bernardino López y por Bernal Díaz del Castillo podemos leer referencias al uso de esta piedra por los aztecas: “sus enormes lanzas y flechas con puntas de obsidiana brillando en la aurora resplandecen bajo el sol con los destellos dorados de esta piedra. Sus afiladas puntas de flecha traspasan cualquier armadura y penetran en el cuerpo de tal manera que su extracción a veces es imposible”.
Pero hay un uso mucho más interesante que los aztecas hicieron de esta piedra; el de la elaboración de espejos mediante el corte en finas láminas de la obsidiana. Estos espejos, llamados “tezcatl” se utilizaban como utensilios de magia negra por sus hechiceros ya que se creía que podían mostrar un humo a través del cual se revelaba el futuro. En la cultura azteca el espejo de obsidiana se convirtió en el principal atributo para representar a su deidad suprema Tezcatlipoca, señor de la noche y cuyo nombre significa literalmente “espejo de humo”. Se han hallado estatuas que representan a esta deidad con un espejo de obsidiana como parte de su tocado, sobre su pecho e incluso sustituyendo a su pie.

Después de que Hernán Cortés y sus tropas tomaran Tenochtitlan, muchos objetos artesanales aztecas llegaron desde México a la corte castellana, entre ellos espejos de obsidiana. En tiempos de conquistadores españoles y piratas ingleses, de algún modo uno de estos espejos llegó a manos de John Dee, principal consejero y también astrólogo de la reina Isabel I de Inglaterra. John Dee fue uno de los intelectuales más relevantes de la época y poseía una de las bibliotecas más grandes de Europa. Era experto en astronomía, alquimia y matemáticas y con el tiempo, desarrolló un gran interés por el ocultismo y lo sobrenatural. Posiblemente atraído por las historias y objetos exóticos que venían del Nuevo Mundo, descubriera el uso que los aztecas habían dado durante siglos a los espejos de obsidiana.

Si visitamos el Museo Británico en Londres podemos contemplar el llamado “Mirror of the Spirits” (espejo de los espíritus) de John Dee, quizás el espejo de obsidiana más famoso del mundo por su vínculo con la reina Isabel I de Inglaterra. Es un enigma si el espejo de obsidiana y las propiedades premonitorias que se le atribuyen tuvieron algo que ver, pero curiosamente John Dee fue uno de los principales visionarios del futuro imperio británico y también el primero en utilizar el término “British Empire”, tal y como podemos leer en sus escritos “General & Rare Memorials”.

