

En nuestra sección “Mujeres que inspiran” nos gusta dar voz a mujeres que han decidido construir una vida alineada con sus valores, escuchándose a sí mismas y atreviéndose a seguir su propio camino.
Hoy conversamos con Sara Elvira, coach profesional especializada en acompañar a mujeres que desean recuperar el equilibrio entre su vida personal y profesional. Tras una profunda transformación personal, Sara decidió emprender un proyecto que ayuda a otras mujeres a vivir con más libertad, coherencia y confianza en sí mismas.
¿Quién es Sara Elvira?
Hace cuatro años hubiera contestado algo relacionado con mi profesión. Hoy la respuesta es muy distinta, soy una persona curiosa, disfrutona y profundamente agradecida por la vida que tengo.
Me encanta viajar porque me recuerda lo grande que es el mundo y lo pequeñas que son muchas de las preocupaciones con las que convivimos cada día. He aprendido que no puedo controlar lo que ocurre, pero sí hacerme responsable de cómo decido vivirlo; de mi vida, no de la de los demás ni de las circunstancias.
Hay algo que hace unos años jamás habría imaginado decir “me gusta bastante la persona que soy”. No porque crea que lo hago todo bien ni porque ya haya llegado a ningún sitio; simplemente porque después de mucho trabajo personal me siento mucho más libre y coherente con lo que quiero. Y sí, también soy coach profesional. Pero hoy esa es solo una parte de quién soy, no la respuesta completa.
¿Qué te llevó a emprender? ¿Hubo un momento concreto en el que pensaste: “ahora es el momento”? Durante muchos años supe que algún día quería emprender. No sabía en qué, solo había una idea que volvía una y otra vez: quería construir algo propio. Pero también me repetía constantemente que no tenía una gran pasión, que no era experta en nada concreto y que no sabía cuál era mi propósito…Hasta que el coaching apareció en mi vida por casualidad. Hice un proceso en un momento en el que mi cuerpo llevaba tiempo intentando decirme algo que yo todavía no quería escuchar: vivía en un estado de alerta permanente. Y ese proceso me transformó, fue aceptar a la Sara auténtica y dejar de intentar ser la que creía que tenía que ser. Empecé a vivir de una forma mucho más coherente conmigo, con lo que era importante para mí y mucho menos con lo que yo creía que se esperaba de mí. A partir de ahí decidí formarme como coach, primero por mí y después para acompañar mejor a las personas y equipos con los que trabajaba. Y aquí viene la parte curiosa de la historia: no emprendí en mi peor momento, lo hice cuando estaba bien. Disfrutaba de mi trabajo, me sentía reconocida y estaba en un entorno donde podía seguir creciendo. Precisamente por eso supe que era el momento. No sé qué pensaré dentro de diez años sobre esta decisión. Lo que sí sé es que, a día de hoy, es la decisión más coherente con lo que quiero y con la vida que estoy construyendo.
¿Qué tipo de personas acompañas y en qué momentos de su vida?
Acompaño principalmente a mujeres para las que su trabajo tiene un peso muy importante en su vida. Con los años, muchas han acabado midiendo gran parte de su valor por cómo les va en el trabajo, hasta el punto de que el trabajo acaba ocupando un espacio que ya no quieren darle. No quieren dejar de ser buenas profesionales, quieren seguir creciendo sin que toda su vida gire alrededor del trabajo y recuperar espacio para ellas, para las personas que quieren y para la vida que también quieren vivir. Muchas llegan pensando que necesitan cambiar de trabajo y en realidad, descubren que lo que necesitan es cambiar la relación que tienen con él. También acompaño a personas que lideran equipos y quieren hacerlo de una forma más consciente y sostenible, porque creo que cuidar a las personas también es una forma de cuidar los resultados.
¿Qué diferencia tu forma de hacer coaching de otras?
Como coach profesional trabajo siguiendo una metodología rigurosa y unos estándares
internacionales marcados por la ICF. A partir de ahí, creo que mi forma de acompañar está muy marcada por mi propia experiencia personal, por cómo escucho, por cómo utilizo mi intuición en las sesiones y por mi manera de conectar con las personas. Para mí es fundamental crear un espacio de confianza donde las personas puedan parar, hacerse preguntas, mirar hacia dentro y explorar lo que están viviendo sin sentirse juzgadas. Mi trabajo no es decirles lo que tienen que hacer ni darles respuestas, sino acompañarlas con preguntas que les ayuden a encontrar sus propias respuestas y, sobre todo, a convertir esa reflexión en acción. Al final, mi objetivo no es que salgan siendo personas distintas. Es que tomen decisiones mucho más coherentes con quienes son y con la vida que quieren construir, y que den pasos para lograrlo.
¿Qué es lo que más ilusión te hace de este proyecto?
Sin duda, poder acompañar a mujeres a vivir de una forma más coherente con lo que quieren y
con lo que realmente es importante para ellas. Me hace muy feliz ver cómo, sesión a sesión, empiezan a tomar decisiones, a darse permiso y a dar pasos que antes quizá no se hubieran atrevido a dar; pasos que las acercan a la vida que quieren construir. Creo que muchas veces vivimos desconectadas de nosotras mismas, haciendo lo que toca, lo que se espera o lo que creemos que debemos hacer, y no siempre hay espacio para preguntarnos qué queremos realmente. Acompañar a una mujer en ese proceso, verla recuperar libertad, disfrute y confianza en sus propias decisiones es, sin duda, lo que más sentido le da a este proyecto.
¿Qué hábitos o rituales te ayudan a mantener el equilibrio?
Tengo una relación muy especial con esta palabra y con mi forma de entenderla: equilibrio imperfecto. He aprendido que el equilibrio perfecto no existe y que perseguirlo solo genera más exigencia.
Para mí, mantener el equilibrio no significa intentar que todo esté al mismo nivel todo el tiempo, sino ser consciente de dónde estás, qué está funcionando y dónde necesitas poner tu atención en cada momento de tu vida. Entenderlo así me ha ayudado mucho a soltar mi autoexigencia y aceptar que no todo depende de mí. De hecho, tengo una balanza tatuada con mi hermana por este motivo. Durante un tiempo me preocupaba que no fuera una balanza en equilibrio…, una línea es más grande que la otra. Hoy es uno de mis tatuajes favoritos porque me recuerda que el equilibrio no está en que todo sea perfecto, sino en aceptar que no todo puede estar igual siempre.
¿Qué crees que necesitamos recordarnos más a menudo las mujeres? Que somos suficientes tal y como somos y que nuestro valor no depende de lo que hacemos, conseguimos o demostramos. Creo que muchas veces vivimos desde una exigencia constante, incluso cuando buscamos crecer y mejorar. Para mí, el desarrollo personal no debería partir de sentir que algo está mal en nosotras, sino de mirarnos con más compasión y cariño. No se trata de ser otra persona, sino de dejar de exigirnos tanto, aceptarnos más y permitirnos ser nosotras mismas.
¿Qué papel juegan los detalles con significado en cómo nos sentimos? Creo que muchísimo. Muchas veces esperamos grandes cambios, cuando son los pequeños detalles del día a día los que pueden recordarnos lo que es importante para nosotras. Un detalle con significado puede convertirse en un recordatorio: de quién eres, de lo que mereces, de cuidarte o de darte permiso para algo que quizá has olvidado. Al final, no es el objeto en sí, sino la historia y el significado que tiene para cada persona.
¿Que te transmite Shiori? Me transmite significado, sencillez y elegancia. Siento que son joyas con personalidad, de esas piezas que no eliges solo porque son bonitas, sino porque conectan contigo y con una historia. También me transmiten mucha energía y sensibilidad.
Creo que la elección de cada piedra, cada detalle y cada diseño hace que haya algo especial detrás de cada pieza.
Cuando conocí a Silvia sentí lo mismo que transmiten sus joyas: autenticidad, generosidad y mucha conexión con lo que hace. Creo que detrás de cada joya se nota quién hay detrás, y eso es lo que las hace únicas.
Si tuvieras que definir las joyas de Shiori con una emoción o una sensación, ¿Cuál sería? Calma y confianza. Creo que son dos emociones que van muy de la mano: esa sensación de sentirte bien contigo misma, segura y conectada con quién eres.
Si tuvieras que elegir una piedra que representara esta nueva etapa de tu vida, ¿cuál sería y
por qué? Elegiría la piedra de luna. Representa una etapa de mucha escucha interna, de confiar más en mi intuición y de atreverme a seguir un camino que durante mucho tiempo no sabía definir. Para mí esta etapa no va tanto de convertirme en alguien diferente, sino de vivir de una forma más coherente conmigo, con lo que quiero y con la vida que estoy construyendo. Me recuerda que no siempre necesitamos tener todas las respuestas antes de dar un paso; a veces también hay que confiar en el proceso.
La conversación con Sara Elvira nos deja una idea poderosa: vivir de forma más coherente con quienes somos no significa tener todas las respuestas, sino atrevernos a escucharnos, cuestionarnos y dar pasos alineados con lo que realmente importa. Si quieres conocer más sobre su trabajo, sus reflexiones y la forma en la que acompaña a mujeres y profesionales en sus procesos de crecimiento, puedes encontrar a Sara Elvira en Instagram, donde comparte contenido inspirador sobre bienestar, liderazgo consciente y desarrollo personal.



¿Qué hábitos o rituales te ayudan a mantener el equilibrio?