

Artículo para la revista En Femení, n° 97 Verano 2024.

“Jade imperial y Art-Déco”
Durante miles de años, el jade ha sido venerado en Asia y hoy en día sigue considerándose un símbolo de buena suerte y protección, principalmente en China y en el Sudeste Asiático. En la Antigua China, el jade era una de las piedras favoritas de la realeza y representaba la sabiduría y la pureza del alma. Diferentes dinastías imperiales se rodearon de preciosos objetos cotidianos elaborados con jade, así como de esculturas, tallas y joyas exquisitas a lo largo de los siglos.
El término “jade” se comenzó a utilizar a partir del nombre que los comerciantes dieron a dos rocas con apariencia parecida en ocasiones, pero diferentes en cuanto a composición; la nefrita y la jadeíta. La nefrita es el tipo más común y asequible de jade además del más empleado en tallas y esculturas por su dureza y resistencia. Su tono más habitual es el verde pálido, pero también se encuentra en blanco y verde oscuro e incluso un verde prácticamente negro. Por su parte. la jadeíta es la variedad más apreciada de jade, especialmente el conocido como “jade imperial” que presenta un espectacular tono verde esmeralda y era el favorito de las dinastías imperiales chinas.

En Occidente, el interés por el jade no se desarrolló hasta el siglo XVI cuando objetos procedentes de Asia comenzaron a llegar a los puertos europeos a través de las rutas comerciales controladas por los portugueses que traían porcelana azul y blanca, esmaltes, lacas y otros objetos elaborados con jade. La fascinación por lo Oriental, especialmente entre las clases altas en Inglaterra y Francia, fue en aumento y con el paso del tiempo se desarrollaría la “chinoiserie”, una corriente estética que abarca diferentes artes decorativas y visuales y que se basa en la reinterpretación de las artes orientales al modo y gustos de Occidente.

Siglos más tarde, en 1861 y en plena expansión colonial británica, se produjo uno de los saqueos más vergonzantes de la historia; los ejércitos británicos y franceses arrasaron el Antiguo Palacio de Verano en la ciudad imperial de Pekín. La residencia oficial de los emperadores de la Dinastía Qing albergaba numerosos objetos de incalculable valor, así como obras de arte que constituían todo un símbolo de la cultura china. Gran parte de los objetos saqueados fueron trasladados a Francia y enviados al castillo de Fontainebleau, donde la emperatriz Eugenia, apasionada coleccionista de obras de arte orientales, crearía un Museo Chino en 1863. En el botín del saqueo del Palacio de Verano había tres valiosos collares mandarines de la Dinastía Quin que se utilizaron para elaborar un rosario para la emperatriz Eugenia. Las cuentas de los collares mandarines eran de jade imperial, coral, turmalinas, espinelas, lapislázuli, cuarzo y perlas. El rosario de la emperatriz fue una de las primeras piezas de joyería elaboradas en Europa con jade.

A partir de 1861, la mayor parte del jade que llegó a Europa procedía del saqueo del Palacio de Verano. En Paris se crearon dos museos de arte chino, el Musée Guimet y el Musée Cernuschi. El joyero Louis Cartier, fascinado por las artes orientales, acudía con frecuencia a estos museos en busca de inspiración y fue de los primeros en aplicar la “chinoiserie” a la creación de joyas y objetos preciosos. En la Colección Cartier se conservan varias piezas hechas con antiguo jade chino como cajas convertidas en frascos de perfume y horquillas chinas convertidas en abrecartas.
La época dorada de la joyería en jade y de la “chinoiserie” llegaría con los años 20, época en la que existía una auténtica obsesión por lo oriental, principalmente en Inglaterra y Francia; juegos como el “mahjong” se pusieron de moda entre las damas de la alta sociedad que lucían larguísimos collares elaborados con cuentas y medallones de jade. Las revistas de moda más populares de la época destacaban el jade como una de las gemas más bellas, el “verde jade” se convirtió en un color muy solicitado por las clientas de las casas de moda de Paris e incluso la firma Roger & Gallet lanzó un perfume llamado “Jade” en un frasco con forma de petaca china.

En 1925, en la “Exposition des Arts Décoratifs et Industriels Modernes” de Paris, la Casa Cartier y la Casa Lacloche expusieron joyas en jade con diseños muy audaces para la época. De esta exposición surgió el “Art Déco” como corriente estética y el jade se convirtió en un símbolo de la joyería moderna de la época. En la actualidad pueden encontrarse preciosas joyas de estilo Art Déco elaboradas con jade imperial en casas de subastas de Paris y Londres. Piezas de exuberante color verde que guardan historias de antiguos palacios imperiales y que siguen fascinando tanto en Oriente como Occidente.

